Perspectiva de un disidente

2018-06-20 M. Funes 0 Opinión

En el desarrollo de un campo reflexivo, me he encontrado hablando en general en primera persona. Es la manera más genuina desde donde hablar a la hora de expresar, las personas en general hablan desde la verdad, todos bien posicionados en sus creencias, desde sus trincheras y hacia un frente claro. Lo cual les hace construir una identidad coherente con el paradigma en que viven.

Se hace evidente desde una observación activa que sus afectos, construcción sintáctica y semántica, se encuentran en perfecta sincronía con la construcción de sí mismos. Mientras que quienes diluyen su identidad en un eclecticismo se contrastan a sí mismos en cuestioneamientos, sufriendo por identificación, del otro o de sí mismos, por lograrlo o no lograrlo.

¿Cómo es posible llegar a tal punto de cuestionamiento que no permita una adecuada integración y adaptación? ¿Qué clase de goce hace salir más a la periferia con el objetivo último de buscar una verdad que sólo puede tener Dios? ¿Es posible vivir en un escenario de no verdades de manera no angustiosa?

Cuando la gratificación que proporciona alcanzar los objetivos del ego se hace necesaria en un camino de verdades transitorias se profundiza en campos temáticos, los cuales nos permiten sobrellevar la angustia de los tiempos veloces y desechables.

El destello de lucidez que proporciona el goce de la verdad es aparentemente más estable en el tiempo. Tiempo que constantemente cambia, como cambian los campos temáticos, pero como no cambian las verdades espirituales o paradigmales. Los cuestionamientos no nacen en verdades espirituales, ya que mantienen su consistencia interna.

La posición del ecléctico es curiosamente más estricta pues es constantemente disonante, lo cual hace mantener una postura incansablemente pogresiva en la búsqueda de una estructura estable, un monumento que le permita anclar su sí mismo extraviado.


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