Revolución digital. El símbolo como figura.

2018-04-09 M. Funes 0 Opinión

La revolución digital que hoy en día enfrentamos ha alcanzado un momento de aceleración histórica, sin duda la tecnología es la extensión de nuestros sentidos, medios de comunicación por excelencia que favorecen la inmadiatez.

La satisfacción de necesidades de manera inmediata está desarrollando una sociedad compulsiva, sin capacidad de postergar dicha satisfacción a favor del tránsito. Caracterizo a la era hipermoderna por transmutar la manera en que nos relacionamos con el mundo, escapando de la vivencia a un mundo onanista, en busca de una actualización de nuestra libido en la imagen sintomática de este tiempo. Todo es desechable. Las relaciones sociales son plásticas, establecer compromisos está en crisis, la vivencia se sitúa en artificios efímeros. Bienvenido a nuestra herencia: un mundo sin objeto, donde la gratificación permanente no detona cualidades de convivencia; un mundo enfermo, de síntomas y síndromes, donde prima la discriminación de lo que está afuera, de progreso y autoperfección egoísta.

La imagen es efervescencia. En un mundo digitalizado en donde la realidad figura entre parámetros que dirigen el contenido. Espacio en el que sistematizamos escuetamente los procesos humanos, en donde el contenido se desborda de su figura, la imagen se ha posicionado como un producto obsolescente. El símbolo promueve una sociedad esquizofrénica, una sociedad escindida entre el flujo del devenir y la potencialidad de las imágenes que se sobrepondrán. Producción pobremente historizante. Pobre en tanto la producción humana se aboca a contenidos que no responden a lo genuino.


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